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LA CASA · ZACATECAS 54

Aquí vivió Chuy noventa y nueve años

La levantaron sus padres para vivir en ella, y de aquí no se ha movido la familia. Los cuartos abren al patio, así que ninguno despierta a oscuras; a media tarde el durazno reparte la sombra; y al final de dos tramos de escalera la Parroquia queda a la altura de los ojos.

En el centro de Dolores Hidalgo: tres cuadras hasta el Jardín, las mismas tres hasta el atrio donde se dio el Grito. Quien la cuida vive a dos calles, y en una casa eso se nota.

El patio de la casa: muros amarillos, geranios rojos, aves del paraíso y decenas de macetas de barro

Mediodía de agosto, con los geranios encendidos contra el muro amarillo. Ninguna foto de esta página está retocada.

HISTORIA

Hay casas que se compran y casas que se levantan. Esta se levantó.

La construyeron Quirino Villegas y su esposa, aquí en Dolores Hidalgo, para vivir en ella y para que vivieran los suyos. No fue una inversión ni una casa de temporada: fue su hogar. Todo lo que vino después ocurrió dentro de las paredes que ellos levantaron.

La casa nunca ha salido de la familia. Cambió lo que tenía que cambiar y se conservó lo que valía la pena conservar, pero el portón, el patio y los abanicos de vidrio de las puertas son los mismos que vieron pasar todo lo que sigue.

El hijo se fue a la política. La hija menor se quedó al frente de la casa.

Uno de sus hijos, Albino Villegas Segura, llegó a ser presidente municipal de Dolores Hidalgo. Le tocó gobernar en uno de los momentos más ásperos que ha vivido esta región.

Eran los años treinta. El conflicto entre la Iglesia y el Estado que había desangrado al centro-occidente del país se había reavivado, y Guanajuato estaba en el corazón de esa herida. Ser funcionario de gobierno en el Bajío de aquellos años no era un cargo administrativo: era una posición expuesta, en un territorio donde la fe y la política se habían vuelto la misma cosa y donde la violencia entraba a los pueblos sin avisar.

Mientras Albino cargaba con eso afuera, su hermana Chuy se quedó al frente de la casa. Y hay que decir con claridad lo que eso significaba, porque es fácil leerlo como si fuera poca cosa: significaba sostener una propiedad y unas tierras, sola, en medio de una guerra. Significaba lidiar con los cristeros que llegaban. Significaba defender lo que era de su familia sin más autoridad que la suya propia, siendo mujer y siendo muy joven, en un México donde ninguna de esas dos cosas jugaba a su favor.

El desayuno del general Lázaro Cárdenas

Vale la pena detenerse un momento. Cárdenas no era un visitante cualquiera de paso por el Bajío: era el presidente de México. Y para Dolores Hidalgo tiene un peso adicional, porque fue él quien restableció la tradición de que el Presidente de la República venga a dar el Grito al atrio de esta parroquia — la costumbre que cada 15 de septiembre llena la ciudad y que sigue viva casi noventa años después.

Ese hombre se sentó a desayunar en esta casa, invitado por el mismo Albino Villegas.

Y quien cocinó fue Chuy. La misma que se había quedado defendiendo la propiedad, la que sabía lo que costaba sostener estas paredes, fue la que resolvió el problema perfectamente terrenal de qué se le da de comer a un presidente. No hay acta que lo registre. No hace falta: ella lo contó, y lo contó aquí, porque aquí vivió toda su vida.

Noventa y nueve años

Chuy Villegas vivió noventa y nueve años. Fue, según todos los que la trataron, una mujer fuerte, inteligente y de una memoria única. De carácter firme — mandaba, y no lo disimulaba. Y aun así, o quizá justamente por eso, la gente la respetaba y la quería.

Es una cosa curiosa cómo funciona la historia. De Quirino no hay libro. De Albino queda su nombre en una lista de presidentes municipales: un renglón, unos meses de 1936. Los archivos guardan cargos y fechas, que es lo que los archivos saben guardar.

Pero lo que hace que una casa sea esta casa y no otra —quién la defendió, quién cocinó esa mañana, cómo se vivía aquí adentro cuando afuera todo estaba revuelto— eso no lo guarda ningún archivo. Eso lo guardó Chuy. Durante noventa y nueve años fue la memoria de esta familia.

El hostal es de ella

Chuy fue quien empezó a rentar habitaciones. Fue ella quien abrió la casa a los que venían de fuera y quien decidió que estas paredes, además de resguardar a una familia, podían recibir gente. Lo hizo con el mismo carácter con el que había hecho todo lo demás: a su manera, con sus reglas, sin pedir permiso.

Fue una anfitriona extraordinaria. De las que te dicen las cosas de frente y te sirven de más. De las que dan órdenes en su cocina y a nadie se le ocurre discutirlas. Quien la conoció y se hospedó con ella no lo olvidó.

Desde 2015 la casa funciona formalmente como hostal, y funcionó así mientras ella vivía. Alcanzó a ver esto de pie.

99

años vivió Chuy

El hostal no lleva el apellido Villegas por el apellido. Lo lleva por ella.

Hoy la casa sigue aquí, recibiendo a quien llega. Lo que intentamos que no cambie es lo otro: la idea de que esta es una casa, no un edificio; que a los huéspedes se les recibe, no se les registra. Eso lo fomentó Chuy. Nosotros nada más tratamos de estar a la altura.

Cuando desayune aquí, vale la pena saber que no es el primero.

EL PATIO

El patio se volvió jardín sin que nadie lo decidiera

Las plantas fueron llegando de una en una, durante años, hasta que se acabó el suelo y hubo que colgar los helechos del corredor. La luz entra de lado toda la mañana y no se salta ningún cuarto. Es donde la gente acaba desayunando, aunque tenga cocina adentro.

Corredor del patio con helechos enormes colgados, palmas y una maceta de talavera

El corredor a media mañana. Los helechos ya colgaban de ahí mucho antes de que a alguien se le ocurriera rentar un cuarto.

LO QUE CRECE AQUÍ

  • Helechos

    Enormes, colgados del corredor. Es el rincón más fresco de la casa a mediodía

  • Aves del paraíso

    Junto a la escalera, con flor naranja casi todo el año, incluso en enero

  • Un limonero

    En el patio. De ahí salen los limones del agua de la mañana

  • Un durazno

    Junto al corredor. A media tarde su sombra es el mejor lugar para sentarse

  • Geranios

    Rojos sobre el muro amarillo. Es la foto que casi todo el mundo acaba tomando

  • Cactus y suculentas

    Al sol, en macetas chicas de barro de la región

  • Palmas y trepadoras

    Trepan por la herrería del corredor alto y le dan sombra al departamento

  • Macetas de talavera

    Repartidas entre las de barro. Pintadas en los talleres de aquí, no compradas para decorar

Casi todas las macetas salieron de talleres que están a diez minutos, de manos que todavía las pintan una por una. Si te llevas el gusto, te decimos en cuál preguntar.

Las dos fuentes no se apagan

Una de muro, entre las macetas, y otra redonda, de piedra, en medio del patio. Las dos corren todo el día: desde los cuartos de abajo lo que se oye es el agua, no la calle.
FALTA FOTOLa fuente de muroHorizontal, con las macetas alrededor. Foto pendiente de enviar por el cliente.
FALTA FOTOLa fuente redondaDe piedra, en el patio. Foto pendiente de enviar por el cliente.
Corredor coral con puertas blancas coronadas por abanicos semicirculares de vidrio y barandal de herrería negra

UN DETALLE

Lo único curvo de la casa

Cada puerta blanca lleva encima un medio punto de vidrio. Es lo primero que casi todos fotografían, pero no lo pusieron ahí para que se viera: por ese medio círculo entra la primera luz del día, y por eso el cuarto amanece claro antes de que abras la cortina.

Lo demás es recto y es viejo: la herrería negra de los barandales, los zócalos café, el mosaico del patio con el dibujo borrado justo por donde todos cruzan. Ese desgaste lo hizo la familia, una vuelta al patio a la vez, mucho antes de que se rentara el primer cuarto.

QUIÉN TE RECIBE

Quien te abre el portón vive a dos calles

“Esta es una casa, no un edificio: a los huéspedes se les recibe, no se les registra.”

Somos de Dolores. Villegas es el apellido y también el nombre con el que estamos abriendo otras casas del pueblo; esta, la de Zacatecas 54, es donde empezó todo y la que seguimos pisando a diario.

Quien te abre el portón es alguien de la familia. Quien contesta los mensajes también. Si algo se rompe a las once de la noche, tocamos la puerta con el desarmador en la mano.

Preguntas que sí nos hacen

Sin rodeos y sin letras chicas.

PENDIENTE DE CONFIRMAR CON EL CLIENTE

Pendiente de confirmar con la familia: una foto de Chuy, que es lo que más le falta a esta página; su nombre completo (probablemente María de Jesús Villegas Segura); el nombre de la esposa de Quirino —Albino era Villegas Segura, así que su madre era una Segura—; el año en que se construyó la casa; y si el desayuno con Cárdenas fue cuando Albino era presidente municipal, en 1936, o cuando vino a dar el Grito, en septiembre de 1940. También siguen abiertas las respuestas de estas preguntas frecuentes y los nombres de las unidades, que hoy son propuesta, y faltan las dos fotos de las fuentes. Del estacionamiento faltan dos datos: cuánto cobra la pensión de enfrente y si va incluido en la tarifa, y si el lugar es uno por reserva o uno para toda la casa —hoy el sitio lo publica sin prometer que haya uno por unidad—.

Aparte del sitio: hay que grabar a todos los que conocieron a Chuy —hermanos, primos, sobrinos, vecinos, huéspedes viejos—. Durante noventa y nueve años ella fue la memoria de esta familia; hoy esa memoria está repartida en pedazos entre la gente que la escuchó, y esos pedazos se pierden uno por uno. Lo que se recoja no es material para una página: es el archivo que nadie más va a hacer.

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